Escuela de mandarines

Movido por unos demiurgos, símbolos del carácter, o del destino, el protagonista deja sus montañas, su amada y su propio nombre, para luchar contra los mandarines. Lo hará con serenidad, sin dañar en nada a la vida; como solitario, como Eremita sociable que escucha a todos, ortodoxos y heterodoxos, amigos y enemigos del Poder, y queda por eso más allá de todos.

* * * * *

Un hombre atravesaba el bosque
cuando oyó la queja de un ser.
"Sigue tu camino, cumple tu destino"
-le ordenó la inclinación.
Pero el hombre desoyó la voz,
porque nada hay superior al ser.
 "Me detendré ante la criatura,
y que espere mi destino,
porque nada hay superior al ser".

Miguel Espinosa

Edición preparada por María del Carmen Carrión y Juan Espinosa.

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